Sin interrupciones

Que si hace falta cemento, silicón, pintura, block, chapas, tarjas....que me visita un supervisor "on a high horse", un contratista muy señorita o un albañil turbado/ofendido/necesitado/high. Y me drena.

Todas la mañanas con un café y un cigarro no tengo más ganas que volver a presionar teclas hasta formar palabras que me gusten y se recompongan en un collarcillo hippie de ideas ensartadas. Así que hoy cierro mi oficina.

De donde vengo no existe la necesidad de estar consciente. Las imágenes se pintan aparentemente por si solas y por eso me mueven más.  Los mares no son azules ni claros ni oscuros, son rojos, amarillos, de mercurio y mercuriales. La luna sí me responde y el monólogo se distorsiona hasta el punto en el que el teatro desaparece y no queda más que un balcón bañado en plenilunio; donde me planto yo hablando distraído. Observando allí abajo filas danzantes de mujeres albinas de ojos fuego. Y las filas se mecen en olas y las olas rompen en sonidos profundos y sordos, de pequeñas implosiones  de agua comiendo agua. Un cuervo pasa frente la boca-blanca-luna y kraaa! me corre de la pintura... me des...pie....rto.

Warped I.

Miéntome.

Cansado y con pesadumbre me subí a un avión.

Son las 10.13 pm. y trato de leer un libro para distraer un sueño incómodo. La luz de lectura me pone en un spotlight tibio y lánguido. De repente pienso "estoy tan cansado que ya quiero llegar a mi casa" y el mundo se descoloca. Ya no sé si voy o vengo, por primera vez en mi vida siento una verdadera locura. Se me revolvieron los datos y no sé hacia donde vuela este aparato. Si quiero ir a mi casa, ¿voy a donde vengo?

10.15 Lucha entre palabras escritas e ideas pensadas. Finalmente se impone el sueño, tercer contrincante vigoroso. Presiono el botón sobre mi cabeza y me abandono al inevitable itinerario. Voy a una cama.

Firmo yo.

No sé si son mentiras. 

Quisiera pensar que hoy hay más seudónimos y alter egos que personas en el 1500. La posibilidad de ser otro está tan al alcance de todos que la mayoría lo aprovecha. 

Yo firmo desde una cueva Eritrobo. Todo por una noción romántica de libertad de palabra. Pero no es verdad, te creas un personaje que también tiene sus límites y son tan reales como los propios. Y también demanda, demanda exposición y un espacio para poner sus letras. Límites sobre tus límites. Necesidades sobre tus problemas. 

Pero, al parecer, no todo es tan malo. Sigo escribiendo aquí y él también. Y me gusta, no sé si la complejidad o la posibilidad, pero me place. 

José Antonio. 

Claro oscuro de una flor marchitándose.

Un cuarto oscuro que se conforma con una simple luz de luna. Una luz tan lejana que enfría de azul plateado. Los pistilos ceden su estructura al albedrío de la gravedad. Los pétalos oscurecen su carne mientras se mueven las estrellas. Y el perfume se enrarece con el miedo a la putrefacción.

¿Por que no me hiciste caso? Agua fría; con eso hubiera bastado.

tzxzx.

Me duele la cabeza.
Es un ligero dolor que se aprieta contra las cienes desde dentro. Ha de ser un mamífero sin mamá ni mama.

Sopor fdc03

Sopor solsticio Sumatra. Un giro inesperado en el aliento almendrado de la suciedad de abajo. Crío de un semejante ejemplar que manipula los sentidos. Un diáfano final de olor, un revés en el trazo de la tilde y punto. Alimento idolatrado por algunos, un grato sentir de la perla que con su color no hace honor a su nombre. Dibujo de un niño pequeño, pintura roja sobre un enorme papel blanco. Hojas de más, hojas de encino secas, pero hermosamente crujientes. Creativos pensamientos, tortuosas dibujantes que se borran en mi memoria. Mujeres que hilan tapetes a mano en una vieja casona garciamarquezca, que se ilumina con una luz amarillenta que pinta todo de antiguo, de reverencia, de un perfume vetusto que penetra el ambiente y perdura a la vista, por encima de todo. Miscariote que se enoja con el sonido emocionante de la caída de cristal, un súbito estruendo que te crispa la espalda, que te toma las corvas por sorpresa. Eludible hasta las cachas: un señor sentado al lado de una puerta en una silla de mimbre y madera tallada a mano, autóctono del polvo, de las paredes blancas y sombreros chuecos; un sentimiento ámbar, una sensación de caminar en una gelatina muy ligera, en una gelatina de naranja rebajada con aire caliente que levanta una pequeña nube beige que te ataca con su finura, que se inunda de tus vapores y se va y se queda, que refresca y te incomoda, que te ensucia y te iguala al escenario que transitas.