Cuando muerdo.

A mi me gustaba morder y había gente que me dejaba hacerlo.
Pero morderme las manos fue una de las cosas que hacía cuando era más chico. Apretaba hasta que quedara una impresión profunda y blanca (lo profundo no duraba mucho lo blanco se ponía rojo). Creo que solo era ansiedad, ansiedad de romper un capullo de piel cicatrizada. Un capullo que yo tejí con la idea de tejerlo. Una matriz que protegí con ganas de protegerme. Un escudo que urdí con ganas de hundirme. Dejar de respirar hasta no ser yo. Ser el destripador de mis tripas. Iniciarme en el canibalismo hasta morir asfixiado por mis propias uñas.

Y hoy regresan las ansias a mis dientes por que empiezo a tejer de nuevo. Pero no tejo en hilos blancos de seda si no en satín negro. Por que la transformación se apaga y la mortaja empieza a tomar forma.

Morder, morder con dientes tus dientes. (sí otra vez).

Hasta después después. (sin dedos).

En el cielo de mi ventana hay una mosca.

Una pequeña mancha negra que se mueve en pausas, tiquitiqui-tiquitiqui-tic.

Placercillo que deviene.

Estoy escribiendo estas letras con un cigarrillo en la boca y frio en las manos.

Sé que puede parecerte insalubre, incluso hasta asqueroso. Pero un cigarro, un café y un libro en una noche fría, por más bohemio y cliché que parezca, es un placer que no me canso de disfrutar.

Tienes que estar solo, el humo tiene que salir lentamente como si emularas tu taza de líquido negro y el libro tiene que ser bueno (no importa que sea banal y digno de olvidarse). Casi quiero ser de la generación beat cuando lo pienso y estar en algún bosque frente a una fogata, meditando. Como un personaje secundario de Kerouac.

Del humo que sale de mi boca abierta surgen imágenes que se pueden leer, como si fueran cartas del tarot, hojas de té, huesos tallados o reflejos en el agua. Algún día me creo un alter-ego estilo Monsieur Hossé y me visto de frac victoriano, con un sombrero de copa y un bastón que tenga cabeza de perro de compañía. Me voy a sentar en una casa barroca a leerle a elegantes caballeros y damas su suerte en una bocanada de humo.

Un círculo perfecto, una vida corta y feliz.
Una pequeña nube informe que augura libertad de pensamiento y creatividad.
Un arco largo y efímero que detalla personalidades místicas y propensas al fanatismo.
Un largo tirón blanco que habla de mucha actividad e inquietud intelectual.
Varias volutas inconexas que definen personalidades viciosas y de lengua afilada.

Y al final me despediré con un simple y estoico "adieu et bonne vie".



Normal.

Todos tienen dudas acerca del pasado. Todos se preguntan por "hubiera"; todos saben la respuesta inmediata de "no existe" y la conclusión inminente de "ponte a trabajar".
Pero sigue siendo inevitable reinventarse el futuro trastocando el pasado. Sigue siendo imposible no preguntarnos por que no anhelábamos lo mismo antes.
"¿Por qué nunca empecé?" y así se encuentra uno con un futuro pseudo-incierto, pseudo-odiado, pseudo-temido; y un pasado definido, reprochado y menospreciado.

Nunca quiero lo mismo que quería y querré algo que no sé que pueda ser. Normal... normal. no?

Cuasi-cadaverexquisito

Si recolectas imágenes en un bote metálico, cuando las quieras sacar tus huellas se van a pegar en el reflejo de un mundo diluido.
Diluido yo; me diluí en un líquido amarillo como la tristeza y cuando voltee a ver la cabeza coronada de un Dios voy a evaporarme en humos flamables.
Flamable tu esencia y tus dientes. Cualquier chispa te despierta dragón Dolor, del dibujo de dedos demacrados por el simple paso del tiempo.
Tiempo turbio que me obliga a tomar té de mi mismo, y me sumo a un ciclo decadente de canibalismo emocional.

Plúmbago cerúleo.

no logro definir si es un hueco o una bolsa de esquirlas lo que llevo en el vientre.

no puedo dejar de sentir el nudo en la garganta de una tristeza cuajada. Una tristeza tibia y amarilla, como recién haberte hecho pipí en la cama; todavía está calientita y no es incómoda pero sabes que en unos segundos se va a enfriar. Y con el descenso de temperatura la realidad comienza a penetrar los sentidos abriendo un profundo hueco esclarecedor. Uno que succiona hacia el vacio. No, más bien no succiona, más bien tienes atado un gran peso a tus víceras que te estiran y te ponen cóncavo.

no sé si hay que vomitar hojas secas, pero el viento que aspiro apenas quiere entrar, ni siquiera él se quiere petrificar en la gélida oscuridad.


pizarra roja romanticamente irrisoria.

receta.

1 ojo etéreo de rosa rosa.
15 zonas de un cuerpo amelonado.
31 hortalizas desmembradas 1x1'a.
2 intenos fallidos de sonreir.
125 gr. de filete de coágulo espiritual.






florear fibras flacas.
pernoctar plásticos prisioneros de té.